UN PRIMER ENCUENTRO NOS HIZO ADICTOS

 

 

Lo sé, más de un año de ausencia… tal vez aún encuentre a aquellos que gustaban de leer mis relatos, tal vez no… Pero vuelvo con el mismo ánimo de compartir con ustedes los maravillosos momentos que he vivido al lado de mi amante… y una que otra fantasía.

 

Reanudaré la aventura con un relato de la primera vez que estuvimos juntos él y yo, ambos sabíamos que ya no éramos vírgenes, pero esa noche descubrimos los verdaderos rincones del placer que hasta entonces nos eran desconocidos. Llevábamos tres meses saliendo, y como él ya tenía carro en ese entonces, al final del día se estacionaba en alguna calle solitaria y nos dábamos tremendas manoseadas que a cualquiera dejan sin aliento.

 

Nos habíamos conformado con eso, pero una tarde me invitó a su casa a merendar. Era en realidad un cuarto con su cocina a un lado, algo pequeño, pero muy acogedor. La ventana daba una tenue luz que se iba acabando con el paso de los minutos. Tomamos un café, nos sentamos a ver la televisión, por lo pequeño de la pieza no cabía un sofá así que nos sentamos sobre la cama.

 

Mientras miraba un comercial, sentí que su mano acariciaba mi espalda suavemente, se sentía muy bien, sobre todo cuando se inclinó hacia mí para brindarme su cálida respiración en el cuello. Cerré los ojos. ¡Me encantaba que hiciera eso!

 

Puse mi mano sobre su pierna y la acaricié de arriba abajo, siempre ha tenido unas piernas firmes y gruesas, muy sensuales. Mientras tanto con su otra mano él acariciaba mi cuello y mi hombro. Bajé la cara y nos besamos, fue un beso profundo, sentía el calor y la suavidad de sus labios sobre los míos, y luego la humedad de su lengua abriéndose paso entre ellos. Mientras con la mano que tenía en mi espalda se apoyaba en el colchón, con la otra rozaba la parte baja de mi cuello y parte de mi escote… apenas me tocaba, sentía un cosquilleo delicioso en el vientre.

 

Bajó un poco más la mano y se apoderó de uno de mis senos, interrumpí el beso para soltar un suspiro, eso me ponía muy caliente. Lo masajeaba firmemente, sin lastimarme, pero con la confianza de todo un maestro en el arte.

 

Ya me había tocado antes, pero esa ocasión, la sensación fue distinta, mi piel subía de temperatura y mis piernas al parecer habían cobrado vida, queriendo separarse para lo que viniera. Siguió besando mi cuello, paseando su lengua en él, y lentamente me recostó sobre la cama. Yo simplemente me dejaba hacer, abrazándolo y acariciando su espalda.

 

Cuando me hubo recostado se montó sobre mí, y pegó sus genitales a mi monte de Venus. Sentí claramente la erección casi total de su pene bajo el pantalón. Volvió a besarme y metió ambas manos bajo mi blusa, acariciando mis senos, luego oprimiéndolos, era una sensación deliciosa que me hacía temblar y mojar mi pantaleta.

 

Lentamente subió mi blusa hasta sacármela por la cabeza. Mi bra estaba bajo mis pechos, que no son muy grandes, pero están en su lugar. Bajó la cara hasta ellos y los lamió, los besaba deliciosamente y cada vez estaba yo más húmeda. Rápidamente me incorporó para sacarme el bra y volver a acostarme. Él se movía en compás sobre mí, frotando su duro bulto en mi pubis, esperando que lo dejara entrar.

 

Sin dejar de chuparme los pezones, se quitó la camisa, y con la suave luz del atardecer puede ver su piel enchinada, pareciera que cada uno de sus poros quisiera destilar deseo. Acaricié sus hombros y luego su cabeza, el volteó a mirarme con esa sonrisa traviesa y perversa que suele tener antes de gozarme. Dejó entonces de besar mis senos, y recorrió mi abdomen con su lengua, mientras que con una mano acariciaba mis nalgas, y con la otra desabotonaba mi pantalón. Cuando lo consiguió, se incorporó y de un jalón me despojó del pantalón y las bragas, dejando mi sexo al descubierto. Hasta ese día no había estado desnuda frente a él; pero mi calentura era tanta que no me importó. Me enderecé y tomé la hebilla de su cinturón, para desabrocharla. Pero él me detuvo tomándome de las muñecas y recostándome de nuevo.

 

Esa actitud dominante terminó de encenderme, me soltó y recorrió con sus manos todo mi cuerpo, el pecho, luego el abdomen, el vientre y terminó en mis muslos, separándolos y acariciando el interior de ellos, hasta llegar a mis ardientes ingles. Las recorrió con los dedos, sin tocar mi vulva, lo que me gustó mucho.

 

Besó una de mis rodillas y lamió todo mi muslo, quitó sus manos para poder lamer mi ingle y me agarró fuertemente de la cadera, entonces sopló y me dejó sentir el calor de su aliento en mi sexo, para después empezar a recorrerlo con la lengua. Yo estaba a mil y sólo atinaba a enredar mis dedos en su cabello y de cuando en cuando, al aumentar la sensación, jalarlos un poco. Sentí su lengua en mi clítoris, luego recorrió los labios hasta encontrar la entrada de mi vagina, y la metió. Movió su lengua dentro de mí, y con sus manos apretaba mis nalgas, hasta que llegué inevitablemente al orgasmo. Me estremecí completamente, mientras él bebía todos mis jugos para después levantarse y sentarse en la orilla de la cama. Esperó un momento a que me recuperara mientras acariciaba mi torso.

 

Lo miré y le sonreí, él se inclinó a besarme, y sin dejar de hacerlo me ayudó a levantarme hasta que quedé sentada de nuevo en la orilla de la cama. Entonces él se puso de pie frente a mí, me tomó de las manos y las puso sobre su vientre. Yo lo acaricié, y ahora él simplemente se dejó querer. Comprendí que ahora era mi turno y me propuse hacerlo muy bien.

 

Subí mis manos a su pecho, con la escasa luz que aún había logré ver su tatuaje en el lado izquierdo de su pecho. Me puse de pie para lamerlo, no tenía un sabor particular, pero sí sentí con la lengua el borde del dibujo. Subí para besarle el cuello tal como él lo había hecho y sentí cómo su respiración se hizo más corta. Pegué mi cuerpo totalmente desnudo al suyo y sentí como su pene volvió a crecer, aprisionado aún por la ropa.

 

Besaba su cuello de un lado a otro, aún caliente por el rico orgasmo que me brindó. Y con mis manos recorrí su espalda hasta llegar a sus redondas nalgas. Las acaricié en círculos, y en momentos las apretaba con ambas manos. Cada vez que lo hacía con la presión lo empujaba hacia mí, y su bulto enorme oprimía mi sexo húmedo y altamente sensible.

 

Lo besé intensamente antes de volver a sentarme en la cama y tomar su hebilla por segunda vez, ahora nada me detendría, pero él tampoco opuso resistencia esta ocasión. Desabroché su cinturón, y luego el pantalón. Lo bajé hasta sus rodillas y acaricié el crecido bulto bajo su trusa. Era tal la erección que estaba a punto de salir por arriba de ella. Me acerqué a besar su vientre mientras bajaba también la prenda interior y jugaba con su pene entre mis manos. Pude sentir un líquido en ellas, lo que me invitó a tomar un poco de ese néctar del placer.

 

Me acerqué a la punta de su miembro y con mi lengua toqué ese pequeño orificio que destilaba el jugo. Me supo algo salado… pero me supo bien. El sabor de ese fluido era como una droga… no podía dejar d chuparlo. Recorría con mi lengua la gran cabeza cuya textura lisa y suave combinaba perfectamente con la delicia del líquido.

 

Poco a poco metí su pene en mi boca, arrancando suspiros de mi amante cada vez que ganaba un poco de terreno en su pene. Finalmente lo tuve dentro de mi boca por completo y empecé a bombearlo ayudándome con la mano, y con la otra acariciaba sus redondas y pesadas bolas que se movían escurridizas entre mis dedos, como peces huyendo de su prisión. (¡Esas deliciosas pelotas cómo me han causado adicción!)

 

Estuve mamándolo unos minutos, y el sabor se hacía salado y rico. Cada vez crecía más, en especial la deliciosa cabeza, y sus bolas subían y se ponían duras. En un arrebato de pasión, él me tomó del cabello y me arrebató el delicioso banquete. Me hizo soltarlo y me acostó boca arriba. Frenéticamente me besó todo el cuerpo, con su mano acarició mi vulva y estimuló mi clítoris como poseso. Me besó con locura mientras se ponía sobre mí ¡y de un solo golpe introdujo todo su falo en mi interior!

 

Ahogué un ligero grito al sentir esa enorme cosa abriéndose paso en mi vagina, acompañada de una oleada de placer que invadió mi vientre y un cosquilleo en el rostro que se mantuvo durante todo el acto.

 

Comenzó a cogerme, con una fuerza inaudita, cada vez que me la metía sentía sus bolas chocando en mi trasero. La maravillosa sensación era algo que no había sentido, ni siquiera con mi primera pareja. Él sí que me estaba haciendo suya, y con él me sentí mujer por primera vez.

 

Era delicioso el sabor de su piel salada, la textura de su piel húmeda de sudor, ver entre las sombras su rostro crispado de placer, su cuello extendido al máximo, y verlo disfrutarme de esa manera, es una experiencia que no cambiaría por nada.

 

El cosquilleo en el vientre se hizo más intenso, involuntariamente mi vagina se apretaba más, y lo oprimía con una fuerza que por mí misma no sería capaz de lograr. Él a su vez se movió con más fuerza, y más rápido, mientras ahogaba gemidos con mayor frecuencia, y de cuando en cuando me besaba con una desesperación magnífica y sublime. Me miró profundamente, parecía que quisiera decir algo, pero no salió nada de sus labios, simplemente cerró los ojos y tembló sobre mí, y al sentir un chorro hirviente en mi interior, mi vagina liberó toda la tensión que guardaba y sentí una inmensa explosión de placer en mi cuerpo, mi rostro se calentó demasiado y ya no fui capaz de ahogar el grito que escapó de mi garganta.

 

Ahí quedamos los dos, él sobre mí, respirando agotado por el fascinante orgasmo que compartimos. Apoyó su cabeza sobre mi pecho mientras sentía claramente como su esperma salía por los bordes de nuestra íntima unión. Estuvimos así unos minutos, hasta que nos recuperamos y nos acostamos bajo las cobijas. Él prendió la luz de la lámpara y me abrazó.

 

Independientemente de la candente sesión de sexo que tuvimos, lo bello de esa ocasión es la pasión y el amor con que me miraba mientras descansábamos. Nos quedamos dormidos un rato, y cuando fue hora de llevarme a mi casa, nos dimos una rápida ducha y nos vestimos. Desde entonces cada vez que hacemos el amor nos entregamos a la totalidad y sin reservas… pero eso ya se los contaré en otra ocasión. Espero sus comentarios =)

 

    

 
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